Mostrando entradas con la etiqueta de "En hojas Sueltas". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta de "En hojas Sueltas". Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de julio de 2007

BAÑO DE LUNA

Temblabamos, de la cabeza a los pies; presos de la excitación, de lo prohibido, del juego de palabras y de suaves insinuaciones, la broma de las fotos escondidas, el deseo de convertirme en tu fantasía. Tus labios apretándose suavemente contra los mios, mis brazos rodeandote en un cálido abrazo, más paternal que amatorio, tus manos buscando asideros invisibles y mi lengua tratando de explorarte; nuestras miradas centradas en nuestros ojos, tu aroma mi Musa, tu aroma aún lo llevo en mi garganta, atrapado en mis pulmones dispuesto a salir en forma de aullido.
Seguimos besandonos enteros, tratando de abrevar en esos labios las ánsias postergadas en una irreal vida pasada. Me conmuevo al escucharte, susurras mi nombre en mi oido, pensando que de esa manera no desaparecería o que tal vez de ese modo no nos convertiríamos en estatuas de sal.
Me sumerjo en esa noche donde nuestros cuerpos trenzados, ensamblándose en una silenciosa coreografía jamás ensayada, se complementaron, se volvieron uno, a base de caricias, sangre, lágrimas y amor. Jamás olvidaré los detalles, la música que sonaba en el autoestereo y la manera en que La luna escurría suavemente por el quemacocos del carro, por primera vez en esta vida nos uníamos.
Por primera vez, en esta vida comenzaba a perderte.

lunes, 28 de mayo de 2007

Aullido


El Lobo muere la noche de hoy, se ha dado cuenta que por más que salta, se estira o se levanta sobre sus patas traseras ¡jamás alcanzará a su Preciosa Luna Llena!

El Lobo aulla, en la insondable tristeza que su Luna la ha legado, Aulla desgarrándose la garganta, las entrañas, el alma.

El Lobo muere la noche de hoy, no verá otra luna, preferiría arrancarse a dentelladas los ojos, consumirse él mismo en un aullido que se extendiera al horizonte desértico y solitario, que reventara su cuerpo.

El Lobo aulla, porque ya no puede llorar más.

jueves, 17 de mayo de 2007

de mis "Hojas Sueltas"

Hoy me atreví a besarte nuevamente,
Morí durante diez segundos en tus labios
Te despediste de mi.
Morí diez segundos después.
Tú eres mi muerte y solo por alcanzarte, sé que vale la pena vivir.

martes, 15 de mayo de 2007

de mis "Hojas Sueltas"

Hace veinte minutos que colgué el teléfono. Tú en estos momentos estás dormida, sin imaginar siquiera la alegría que me regalas al compartir tu voz conmigo.

Al escucharte, me permites soñar, imaginar, reír, valorar mi vida desde otras ópticas y sobre todo pensar en tí, visualizarte del otro lado de la línea, rememorar tu sonrisa perfecta, tus guiños y la forma en como tus ojos se tornan hacia abajo.

Entre bromas me instas a dejar de pensarte, no siempre soy tan obediente como crees y eso a ambos nos alegra. Estamos juntos sin estarlo, compartimos sueños, me comparto contigo.

Y ese júbilo al escucharte, al saberte en mí cada día, me permite doblegarme a no hacer nada, a solo esperar escuchar tu voz en el teléfono antes de irme a dormir.

martes, 24 de abril de 2007

de mis "Hojas Sueltas"

¿En verdad quieres la verdad?
Me miró, preguntándome si a ella también la había besado.
Contesté con una estúpida e hiriente verdad.
-Si
Sus ojos se clavaron aún más en los míos, me preguntó entonces si ella también había estado en este maravilloso lugar.
La volví a herir con mi verdaderamente estúpida respuesta.
-Si
Se levantó y cambiándose de lugar dejó de mirarme; torció sus hermosos labios en un dulce y apetecible mohín. Deseaba preguntarme más, pero no quería seguir lastimándose, sabía mi respuesta y supo que en esta ocasión esa Última pregunta sería estúpida y que también sería respondida con la hiriente verdad.

lunes, 23 de abril de 2007

de mis "Hojas Sueltas"


Te pido que no mires más hacia la Luna, pues en ella sólo verás el reflejo de mi sufrimiento.
El sufrir al dividirse mi alma que se niega a abandonarte.
Tenerte presente en cada uno de los brillos selenes, sólo acentúa mi dolor y locura.
Ya no deseo recordarte, pero mi obstinación por olvidarte hace más evidente mi tristeza.
Te pido esto, porque no podré jamás obligarte, ni a recordarme ni a que dejes de mirar hacia la Luna.