Mostrando entradas con la etiqueta homenajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta homenajes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de abril de 2008

FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ

Para mi Lobito adorado, para todos ustedes:
Hoy miércoles 23 de abril este Blog, el favorito de muchas y de muchos, principalmente Ego il Lupo, celebra un año en el ciberespacio. Suena fàcil, es más, hasta pretencioso, pero así es.
Gracias a Ustedes, a sus comentarios, a sus lecturas y visitas, este Blog creció hasta partirse en dos y pronto crecerá un poco más para brindarles no solo historias y lecturas, críticas y recomendaciones, también proporcionará más servicios, para estar en contacto más directo con ustedes queridas lectoras, entrañables lectores.
Afortunadamente la lista de lectores es muy amplia, desde hermanos bloggers, hasta simples curiosos y no es posible nombrarlos uno a uno; pero sirva este homenaje a mi esfuerzo y a su apoyo para con las letras, para crecer como persona, para SER lo que durante largo tiempo pospuse, sentirme, saberme Escritor.
No quiero dejar pasar la ocasión para agradecer a dos personas quienes me han acompañado a lo largo de estos trescientos sesenta y seis días (recuerden que estamos en año bisiesto).
Gracias Wendy en donde quiera que estés, pues tu fuiste la primera en meterle a este Lobo la idea de experimentar con el diálogo instantáneo con el lector, con colocar la idea de "el Blog", por orientarme y platicar sobre lo desconocido. Muchas gracias.
Huguito, Gracias Hermano por corregirme, regañarme, darme mis chingadazos y creer (como yo) que de este Lobo seguirán saliendo las palabras.
Tal vez sea grosero si comienzo a hacer una lista de ustedes queridos lectores y omito a alguna o alguno de ustedes, mejor los quiero invitar a que me dejen un comentario y su nombre por supuesto, para que ustedes mismos creen esa lista; la cual, pueden estar seguros de ello, recibirá una grata sorpresa, pues no hay cumpleaños sin pastel y sin pachanga.
A lo largo de este año he crecido, muchos se han dado cuenta de ese desarrollo, tan es así que en realidad soy otro. Me disfruto, me encanto al leer sus comentarios, al saber de sus visitas, al explayarme y al meditar lo que día a día les quiero regalar, mis palabras.
Pocas veces (creo) les he pedido algo queridas queridos lectores. Por favor dejen su comentario, aunque sea su nombre para que este Lobo se hinche de orgullo al conocerlos.
Mientras se prepara la pachanga les deseo un maravilloso miércoles y como saben, este es al 2X1, así que en un rato más les dejo la crónica de hoy.
Aullidos gozosos para vos mercés.

jueves, 10 de abril de 2008

Jueves de luto

Una disculpa queridas, queridos lectores, por este Post tan trasnochado, pero era necesario escribir el día de hoy, no por la multa, si no por el hecho que me gusta hacerlo y de una u otra forma, también es una forma de desahogo.
Pero empecemos por el principio.
Hoy Mafalda y su S.S., habiamos quedado en comer juntos, pero se presentó una situación en la oficina y tuve que atenderla, así que aunque le pedi disculpas a Mafis, por la violenta cancelación, ahora te pido una disculpa pública.
Despues de un ajetreado día, iba de salida y recibí una llamada, de esas que nunca esperas recibir, mi estimado Solín, me llamó para decirme que un tío mutuo había fallecido (nos decimos primos y tíos porque nos conocemos de toda la vida, crecimos juntos y los adultos de esa época nos vieron crecer). Esa noticia me afectó mucho, pues apenas un año atrás lo vi, aunque con la salud mermada; primero por una deficiencia renal y luego complicaciones por causa de la diabólica; pero siempre de buen humor.
Acudí a casa de Ele, con un dolor de cabeza, el día pesado y rematado por una noticia de ese tamaño. Sin embargo, estuvimos trabajando en planes, muchos planes e irremediablemente me sentí reconfortado por sus palabras y su ánimo.
Me dió un aventón hasta el Velatorio Militar y me despedí de ella, un poco cabizbajo por el lugar. Al irme acercando al sitio, reconocí decenas de rostros, gentes con la faz compungida y a la vez risueña de aquellos de quienes nos reencontramos en lugares así. No les quiero platicar del velorio, creo que todos al menos, han acudido a alguno en algún momento de su vida (la de ustedes, no la del muerto), pero no quiero deseprovechar este espacio y rendirle homenaje a un hombre ni bueno ni malo, pero jamás tibio, un hombre odiado y adorado por sus subalternos, que llegó a ser cruel y déspota, pero también protector y amigo. Un hombre que me brindó grandes consejos, como a un hijo. Un hombre a quien llegué a querer por su bondad escondida en ese corpachón de ogro, y sus bruscos cariños. Un hombre que se va preocupado, pero que en donde está, seguramente se encuentra mejor.
Es entonces cuando la mejor manera de honrar a quienes nos dejan es recordándolos en vida, no en una fría cama de hospital o pudriéndose en el olvido. Por eso les comparto esta anécdota que me dejó marcado y que creó un vínculo especial entre dos seres de edades muy diferentes.

Tendría cinco o seis años, nos encontrábamos en una comida para celebrar un aniversario más de la graduación del Heróico Colegio Militar en donde nuestros papás estudiaron, recuerdo que fue en algún campo militar o muy cerca de uno, lleno de árboles, como bosque, en donde nos permitieron hacer una comida, tal vez carne asada o barbacoa.
Habían muchos niños, los papás echándose unos tragos (en ese entonces estaba permitido en algunas situaciones especiales), cantando, bromeando; pero entre toda esa alegría había algo que nos llamó a todos los niños la atención. Un Cabo de Caballería trajo (por orden de quién sabe quién) un caballito. Imaginen la emoción de un centenar de niños dispuestos a montar solos (como era mi caso) a un caballo de sangre, huesos y moscas por primera vez; el pobre Cabo al verse rodeado de chiquillos, levantó al que tenía más cerca y lo subió al lomo del animal, en seguida a otro chiquillo y a otro más, ¡TODOS ESTÁBAMOS SOLITOS! Todos emocionadísimos y felices; por fin, después de muchos niños y mucho rato, me tocó mi turno. Imaginen a este Lobo de cinco añitos, flacuchito, con el cabello como príncipe valiente y su sonrisa de oreja a oreja, los ojitos brillantes por la espectación y la emoción. El Cabo había colocado sus manos en mis axilas para subirme al caballito cuando... ...Un Teniente de Caballería fornido, güero y tan alto como mi papá se apareció para "poner orden" en nuestra bien organizada anarquía infantil. Ese era Julio Hijar compañero de mi papá desde que ingresaron como Cadetes del H.C.M., me arrebató de las manos del Cabo y con su voz de ogro bueno dijo -Pérense cabroncitos, formen una fila y quien no venga con su papá no puede subir al caballo. Salí corriendo a buscar a mi papá pues yo era el que seguía en la fila, ¡el Cabo ya me había cargado y me tocaba subir al caballo! Mi papá ya estaba entonadón (sí, estaba cantando y ya se había echado sus tecates) así que aunque le expuse de manera convincente mis argumentos para que acudiera con su vástago primogénito a subirlo al caballito, ¡No me peló! Regresé hacia donde se encontraba el mentado animal, la muchedumbre de liliputienses y el entonces Teniente de Caballería Julio Hijar. Sentía crecer un nudo en mi garganta, mis ojitos anegados y decidí valientemente formarme nuevamente; al tocarme mi turno nuevamente (una hora después, más o menos), Julio Hijar me preguntó por mi papá y le dije que sí me había dado permiso de subirme al caballito, pero me dijo -No, si no viene tu papá, no te subes. Mientras decía esto subía al lomo del agobiado corcel a dos pinches chamacos que ni de la fiesta eran. En ese momento sucedieron muchas cosas: Miré hacia donde estaba mi papá muy quitado de la pena y ajeno a mi dolor; El nudo en mi garganta reventó y mis lágrimas surcaron mis mejillas ennegrecidas de carbón (no me pregunten porqué andaba tiznado, pero lo estaba), juegos y tierra. Miré al Teniente Hijar a la cara, mi cabecita echada completamente hacia atrás y con toda la sinceridad y respeto que puede tener un niño de cinco o seis años le grité -Pues chingué a su madre, pinche Don Julio. Y salí corriendo de ahí.

Años más tarde la anécdota se contaba en cada reunión de la "Antigüedad" (así denominan las generaciones en las escuelas militares), en cada boda y en cada ocasión en la que coincidíamos (que eran muchas puesto que era uno de los mejores amigos de mi papá), y se le quedó "Don Julio" como recuerdo a ese incidente y siempre me preguntaba si ya lo había perdonado por no dejarme subir al caballito, porque el briago de mi papá no me había acompañado, y yo las primeras veces colorado de la vergüenza y después como chanza íntima le decía -Por su culpa no entré al Colegio Militar, mi sueño era ser de Caballería como Usted, pero me traumó. Don Julio se desternillaba de la risa y me daba un abrazo de oso y dos chingadazos en el hombro. Así sucedía cada vez que lo saludaba y mis últimos meses en el ejército, él con sus consejos los hizo más llevaderos, pero no me convenció de quedarme a recibir lo que se tenía preparado para el Servicio de Justicia militar.
En fin, muchas veces pienso que debo de enfrentar así a la vida, gritarle a un gigante a la cara lo que no me parece, sé que he perdido un poco de ese coraje infantil, pero lo estoy retomando.
¡Gracias Pinche Don Julio, Te voy a extrañar!
La muerte es para quienes nos quedamos, mi más profundo pésame a mi Tía Angelita, Adrianita, Mony y Julito. Estoy con ustedes.

General de Brigada Diplomado de Estado Mayor Julio César Hijar Frías, ¡PRESENTE!

Aullidos luctuosos

lunes, 7 de abril de 2008

Lunes de viajes

Este Lunes he viajado harto, y harto estoy en estos momentos; los pies adoloridos, pero el ánimo a más no poder. A la hora de la comida me lancé al Centro Histórico, la verdad sigo maravillado al verlo sin tantos ambulantes (porque de que los hay, los hay) y sin pensarlo, sin imaginarlo mis pies me llevaron a la Coordinación Nacional de Literatura (República de Brasil #37, Centro Histórico) sorprendido al descubrir una exposición titulada "Los pasos de Ibargüengoitia A (sic) 80 años de su nacimiento" En esta muestra, se exhiben fotografías, algunos documentos personales y hay audífonos para escuchar algunas de sus ponencias y presentaciones de libros acervo preservado por la fonoteca de dicha coordinación.

Para mi Ibargüengoitia es uno de los Escritores más brillantes y más ácidos que han dado las letras nacionales y que nos fue arrebatado en mil novecientos ochenta y tres en un accidente por demás trágico para la cultura, pues junto con él perecieron Martha Traba, Manuel Scorza, Ángel Rama y Fanny Cano. Ahí toma completo sentido el refrán popular "Cuando te toca ni aunque te quites y cuando no te toca ni aunque te pongas" pues Ibargüengoitia no iba a acudir al Primer encuentro Hispanoamericano de cultura, convocado por el Escritor Gabriel García Márquez, en la Ciudad de Bogotá, Colombia. Lamentablemente ese Primer encuentro (al parecer el único) se enlutó de esa manera y esa pérdida aún pesa en tantos huérfanos literarios quedando sin leer "Isabel cantaba" su última novela, por supuesto, inconclusa.

Sin duda me emocionó muchísimo el contemplar los ojos grandes, la sonrisa franca y la desenvoltura de un hombre amante de lo que hacía. Entre las cosas que te hacen renunciar a lo que crees que debe de ser tu vida a cambio de un sueño. Me inspira a seguir con esto de las letras, sépanse que su primera novela "Los relámpagos de agosto" la escribió a los cuarenta años, así que tengo un márgen de seis años todavía je je je; lo escuché, lo vi plasmado en diversas fotografías y en todas me sentí observado, un extraño nudo se formó en mi estómago, mis ojos se llenaron de lágrimas. Sentí algo extraño, como cuando una idea se posa cargada por las Musas hasta mi cabeza y ellas la sueltan, obligándome a escribir; es la misma sensación que experimenté en ese patio, siento que algún día se me rendirá un homenaje así (hay que trabajar para merecerlo, lo sé) y espero que sea en vida, al cumplir ochenta años ya sea de vida, ya sea de escribir (que para el caso es lo mismo, al menos para este Licántropo).

Compartí unos minutos de enorme aprendizaje con uno de mis autores favoritos, lo imaginé platicándome su experiencia como Escritor, o tal vez nada más sonriéndome, incrédulo de ser tan recordado, tan admirado.

Valga este Post como homenaje a sus letras a sus historias, a lo que inspira a este Lobo.
Aullidos nostálgicos para ustedes mis querid@s lectores. 

P.S. Debo $40.00.