miércoles, 9 de mayo de 2007

LA PERFECCION DE LO IMPERFECTO



Mis amigos, mis lectores, hoy quiero compartir con ustedes una de las experiencias más enriquecedoras y hermosas de mi vida; el haber participado en la maravillosa instalación fotográfica de Spencer Tunick.

Cerca de las cuatro de la mañana, me dirigí al corazón de la Ciudad, el cual ya palpitaba con ríos de gente deseosa de hacer y ser parte de la historia del arte en nuestro país. Para quienes no tienen la fortuna o desgracia de conocer el Centro Histórico (Derechos reservados Carlos Slim y Cia.), basta decir que eran más de cinco cuadras a la redonda repletas de entusiastas proencuerados, obviamente yo entre ellos, así como un buen amigo, conocido en el sórdido mundo de la publicidad como Kike Martínez. La expectación, la emoción y el nerviosismo aumentaban a cada minuto, la fila para ingresar al Zócalo daba varias vueltas hasta desembocar en Madero, otra fila descomunal alcanzaba dos cuadras de la calle de Palma, nos apretujábamos, nos sonreíamos cómplices unos a otros, algunos cantaban otros nerviosos nos dejábamos llevar por la multitud. Así fue como nos unimos a la Instalación.

Era como ingresar con alegría a un campo de concentración, unas barricadas nos separaban del resto de la gente, policías trataban de poner orden a la masa humana que deseaba pasar y despojarse de algo más que la mera ropa, nos acomodaron alrededor de la plancha del Zócalo que estaba rodeada de cinta amarilla; hacia las cuatro treinta a.m., Kike y su servidor estábamos observando como entraba gente, muchos desconocíamos el trabajo de Tunick, y solo especulábamos, algunos comentaban el porque estaban ahí, otros tratábamos de descubrirlo. Los “GOYAS” y los chacoteos comenzaron a escucharse entre los bloques, todo era emoción, expectación, fiesta.

Permanecimos sentados cerca de dos horas y media, en la Catedral sonaban las seis de la mañana y la gente seguía pasando. Creo que hasta después comprendimos la magnitud de esa reunión, Tunick subió a una escalera de aluminio y junto a su muy pendejo traductor, agradeció nuestro entusiasmo. La multitud se escuchó rugir de alegría, el fotógrafo estaba emocionado y nos comenzó a dar las instrucciones, una manta enorme apareció en la azotea del hotel Majestic con la posición “A”, (de pie), como comentario final, Spencer dijo con un español de Tiro Loco Mc grow- Sólo puedo decirles una cosa en España van a estar mucho enojados- el grito de ME XI CO ME XI CO no se hizo esperar. El pensar que la gente que esta a tu lado en unos momentos más se desnudaría por completo, era algo difícil de imaginar.

Me encontraba nervioso y el sol estaba a penas despuntando por el oriente, las palomas comenzaban a volar sobre la plancha, nos dieron unas últimas indicaciones, Tunick se encontraba arriba del Majestic y con su voz nos dijo, -aún no, cinco minutos más-, yo no quería atrasarme y comencé a quitarme los tenis y la sudadera, antes de cinco minutos ya estaba dada la orden ¡NAKED! Y ese mar humano, de hombres, mujeres, ancianos, gays, bugas, mirones, exhibicionistas; nos desnudamos, pero no solo de la ropa, también de los tabúes, de los conceptos de la estética del cuerpo humano, de los mitos de nuestra represiva autocensura, de lo que estábamos dispuestos a mostrar delante de más de dieciocho mil almas, delante de la Catedral, delante de Palacio Nacional, delante de tu propia desnudez, somos un feliz grupo de obesos, flacos, tatuados, cicatrizados, normales, anormales, ya no éramos ni ricos ni pobres, dejamos de ser quienes suponemos que somos para salir corriendo hacia el centro de nuestro País.

Conforme avanzábamos, en medio de cientos de gentes desconocidas y cómplices al mismo tiempo, Kike y yo sonreíamos por nuestra trasgresión, nos reíamos de los chistes que saldrían derivados de esta experiencia, de los que ya se escuchaban entre los compañeros, sonreíamos porque queríamos hacerlo, porque esa sonrisa debe ser permanente, vestidos o sin vestir, nos mirábamos a la cara, mujeres hermosas, pues su hermosura estaba más que en su piel misma, en sus ojos, en su sonrisa. Increíblemente no había morbo, había más hombres que mujeres y cabe hacer mención, muy pocos judíos. Caminamos hasta la altura de la entrada principal de Palacio Nacional, nos recorría un temblor de emoción y también estaba haciendo frio, el sol comenzó a regalarnos sus rayos, las indicaciones mal se oían por los altavoces, los miembros del staff de Tunick, nos indicaban que posición adoptar, el mar sonrosado en el que nos habíamos convertido llenaba el Zócalo, una de las plazas más grandes del mundo.

En seguida sucedieron varias cosas, al adoptar la posición “A”, se hizo el silencio, no se escuchaba nada, a pesar de ser más de dieciocho mil personas, nos callamos, Tunick pidió hacer un “saludo mexicano” ahí se destruyó el silencio, las mentadas y los “Huevos” hacia la cámara, el traductor nos lo volvió a explicar, quería que saludáramos, como si estuviéramos haciendo honores a la bandera, pocos protestaron, yo me imaginaba lo que pensarían mis compañeros de mi vida pasada, de seguro se morirían de risa, todos sonreíamos, cuando nos indicaron que la toma estaba hecha, comenzaron los del extremo derecho (según mi posición) a hacer “la ola”, era júbilo puro, alegría contenida por la ropa, que ahora se desbordaba en gritos, de ME XI CO ME XI CO, Goyas y rechiflas, albures y risas nerviosas.

La voz se iba pasando de encuerado a encuerado, adoptaríamos la posición “B” los miembros (del Staff de Tunick, no sean mal pensados) nos indicaron que la cabeza la colocáramos (¿nuevos malos pensamientos?) en dirección del asta bandera, se dibujaba un sol con miles de brazos y piernas a manera de rayos, nos mirábamos, no entendíamos cuan organizados podemos ser. La plancha estaba helada, nos calaba y aun así de espaldas, los rayos del sol nos cubrían de dorada calidez, se volvió a escuchar el silencio, nadie respiraba siquiera, los comentarios sobre la frialdad del suelo cesaron. La voz de alguien rasgó el silencio para indicarnos que la toma estaba hecha y que nos colocáramos en la tan temida posición “C”, aquí, durante esta toma no se pudo guardar silencio, nos dolían las rodillas, los comentarios se volvieron prosaicos y nuestra integridad se volvía a cada segundo más vulnerable, todos mirando hacia la Catedral segundos angustiosos y dolorosos después, la toma se había conseguido.

Nos indicaron que Spencer quería una última toma, nosotros caminando por la calle de 20 de noviembre, iniciamos la colorida marcha, unos gritando consignas contra el aborto, otros a favor del mismo, unos se desgañitaban “voto por voto, casilla por casilla”, seguía la euforia, el festejo, las mentadas, las miradas furtivas y las fijas en los rostros de los hermanos encuerados, nos tratamos de reconocer en la desnudez del vecino, mientras avanzábamos alguien comenzó a corear “Vámonos al ángel, vámonos al ángel”, a esta consigna me adherí por completo, hubiese sido una imagen digna de Buñuel, de Cuarón. Nos encontramos de nuevo en el paraíso, en donde el uso y abuso de la fruta prohibida quedó olvidado, somos perfectamente imperfectos, con o sin panza, con o sin pelo, con o sin erecciones. Dejamos de ser uno para ser parte de un gran todo, de compartirnos enteros, nunca me había sentido más protegido ante las demás personas, sólo era yo mismo y era parte de la historia.

Para finalizar esta reseña, y después de intentar encuerar a Jacobo Zabludowsky, regresamos; nos tomó más fotos, con los brazos arriba, cerrando en puño las manos, primero la derecha y después la izquierda, hasta ese momento percibí algo más, el delicioso aroma de los seres humanos, de la desnudez humana, de la mujer cercana, del hombre a tu lado, no olía a sudor, era ese aroma de los amantes, de la limpieza y de la entrega anterior al sexo, a la expectativa alegre, mordaz, del toque, del roce cariñoso, el aroma de la felicidad carnal, de la luna de miel, de la primera entrega.

Regresamos al Zócalo, el sueño se acababa, algunos proponían hacerlo al menos una vez al mes, volver a reunirnos para vernos, exhibirnos, disfrutar la emancipación de las ropas y prejuicios, de convivir hermanados, no importando raza, credo o condiciones diferentes, fue hermoso pensar en ello, en esa utópica solución a los problemas sociales, el compartir eternamente esa hora y media de alegría. El equipo de Tunick nos pidió a los hombres que nos vistiéramos y nos marcháramos de la Instalación, que las mujeres se quedaran unos momentos más, caminé tranquilo, despacio, sintiendo en mis pies como la Ciudad más bella del mundo despertaba sacudida por mis plantas y las de miles de mis hermanos, me reencontré conmigo. Kike apareció segundos después, la misión se cumplió, nos vestimos de mala gana, y abandonamos el Zócalo luminoso, iluminado por un artista único, por un hombre que nos permitió hacer historia, compartir nuestros cuerpos y mirarnos de otro modo.

7 comentarios:

Paola dijo...

Mmmm... quizás difieras un poco conmigo, pero Yo soy una de las personas que no entendí el motivo de esta foto,. Para mí con esto me demostraron muchos mexicanos que en esta vida ya no hay pudor por nuestro cuerpo y no es que sea de mente cerrada, no, pero que alguien venga y me convoque para hacer un desnudo, no le veo el sentido, a donde vamos a parar, imagina el mundo que les estamos preparando con esto y demás a nuestros hijos, por eso digo: Cuidemóslo.

Juan de Lobos dijo...

Gracias por tu comentario Paola y aunque pueda diferir de tu modo de pensar, lo respeto y te agradezco que te hayas tomado el tiempo de leerme.

Hugo dijo...

Qué forma tan peculiar de recuperar la inocencia. Es por demás extraño imaginar que al perder la ropa se pierden los tabúes, la malicia y el morbo. Muchas felicidades hermano aullador, romper un guiness, pasar a la historía del arte y recuperar cosas que creías perdidas en un mismo día no es algo que ocurre muy a menudo. Sinceramente, muchos días de estos para ti y para todos tus lectores. Te quiero.

blanca figueroa dijo...

Fíjate que desde el principio pensé que yo no lo haría, creo que todavía soy muy pudorosa para ello, pero pudorosa en el sentido estético, no moral porque siento que no tiene nada de malo. Y cuando vi en las noticias cómo estuvo el ambiente pensé, "ay, mejor hubiera ido", sin embargo, más adelante, cuando vi lo de las mujeres que se encueraron y algunos hombres se aprovecharon para tomarles fotos en mala onda, me dije, creo que todavía no estamos tan preparados. Además, la mayoría fueron hombres y en menor porcentaje mujeres. Eso me hace pensar que algo falla por ahí todavía.
Pero me gustó la idea de libertad que muchos dejaron entrever, ya sin verguenzas y/o censuras. Me gustó como lucía el sr que iba en su silla de ruedas.
Sí, se veía incómoda la colocación en posición fetal.
La noticia me emocionó y me entretuvo toda la semana, me agradó ver esta experiencia (aunque no la haya vivido yo), aunque sí he visto diversas opiniones al respecto, desde aquellos que desde el aspecto moral les disgustó, hasta quienes lo ven una forma de enriquecer a Tunnick.
Yo no lo sé, pero me gustó la imagen de desnudez colectiva.

Juan de Lobos dijo...

Gracias Blanca, es cierto, y nunca vas a darle gusto a todo el mundo, creo que lo mejor de esta experiencia es lo que cada quien pueda sacar de ella, lo que desee. es como una opinión política o la manera en que uno ve al Ser supremo, va a variar según la percepción de uno. Gracias por leerme y seguimos en contacto

Wendy dijo...

Esto ya lo platicamos y sólo me queda por decirte que si te imagino encuerado, me ruborizo.

Gracias por venir trajeado a verme, ¡todavía no me recupero de la impresión!

saludos!

Juan de Lobos dijo...

El que se ruboriza soy yo Wendy, gracias por tu apoyo y tu tiempo, además no creo que sea la última vez que vaya de traje a saludarte.
(uno se mete en menos problemas que andar en cueros) je je je.
Saludos y seguimos escribiendo