miércoles, 28 de enero de 2009

Décimo cuarto post del año o bendigo la lluvia tibia que cubre tu piel

El Lobo dice...
Queridas lectoras, amables lectores.
¿por qué nos encantan las relaciones complicadas? ¿qué pasa por nuestra mente cuando sabes que estás a punto de encontrarte con un sin fin de problemas, porque cuando se quiere no se puede o porque cuendo se puede no se quiere?
¿qué deseamos en verdad nosotros como seres amantes?
Acaso es el saber que existe alguien a quien torturar o ser su víctima.
No sé, a mi eso de las relaciones no se me ha dado muy bien que digamos, me han roto el corazón en múltiples ocasiones y formas, también yo he roto corazones, algunas veces a proposito, otras por omisión o por simple pendejez, pero digamos que en eso ya he adquirido experiencia y me he hecho más fuerte y mañoso.
Algunas veces la he hecho de manzana de la discordia, de consolador (sin pilas), de cómplice, de amante, de amigo para los picones.
Algunas otras veces sí he estado enamorado y me han hecho ser lo que no pensé ser, pero que funcionó al momento.

De todas esas experiencias, buenas y no tan buenas, me queda la inspiración siempre. Me regalan personajes, situaciones, llantos y con el paso del tiempo, un rico sabor de boca, o de perdis una sonrisa furtiva.

Me gusta soñar, eso no hay duda, el imaginar a una mujer ajena a mi merced, debajo o sobre mi cuerpo, dentro o fuera de ella es perversamente delicioso, el imaginar la mejor manera de besar, de abrazar, de abrasar en verdad. No es por darlo a desear pero aveces es mejor en la vigilia.

Todo el rollo anterior queridas lectoras, amables lectores, es para decirme a mi mismo que he vivido y he disfrutado, que hoy por hoy esta soledad ha sido la consecuencia de un crecimiento interior y que cada vez me es más fácil el compartirme, hasta con ustedes.

Los dejo un momento, con palabras que intentan ser poesía:
Bendigo la lluvia tibia que cubre tu piel,
y abrevo esas gotas transparentes que has impregnado con tu esencia.
Bebo despacio, acariciando más que bebiendo,
devorándote a lenguatazos,
dejándome mojar por tu lluvia interna, brisa,
empapándome de ti.


Aullidos para ustedes.

P.S. Admirado Señor Gustavo:
Atreverse, eso es todo.
No pido ni siquiera el 10% restante, tampoco 5%, y no es ser conformista.
No volverá a suceder, mi silencio otorgó el derecho al reclamo. Y con el mismo, acepté también guardarlo.
Pero aqui no, no podría jamás dejar de escribirte, de leerte, de escucharte, sobre todo eso.
Aullidos para ti.

4 comentarios:

Alletta dijo...

quizá lobito somos un poco masoquistas

como parte del clan de quienes hemos llevado una "tormentosa" vida sentimental no puedo más que estar de acuerdo contigo en:

De todas esas experiencias, buenas y no tan buenas, me queda la inspiración siempre. Me regalan personajes, situaciones, llantos y con el paso del tiempo, un rico sabor de boca, o de perdis una sonrisa furtiva.

De todos los hombres que he tenido, me quedo con sus recuerdos, con su tacto en mi piel y su aroma en mi pelo

AndreaLP dijo...

La respuesta es simple, Lobo: ¡Nos gusta que nos hagan sufrir y hacer sufrir! Nunca estamos conformes con lo que tenemos, por eso nos aventamos sin paracaidas en relaciones complicadas o tan simplistas que no llegan a nada y que en el momento funcionan como escape.

Lo realmente interesante del asunto es saborear los recuerdos que cada amor dejó en nuestra vida. Con todo y dolorcillos y sinsabores! Pues todo eso nos va formando como entes amantes.

Bueno... eso digo yo!

Besos.

Hugo dijo...

Comparto opinión con Andrea, todos tenemos algo de emo. Nos encanta sufrir y más aún si tenemos la posibilidad de que NOS VEA SUFRIR la causante de nuestros males. Es tonto, sí pero por alguna razón nos la pasamos añorando una relación y después nos cuesta un huevo no perder la parte romántica, la sorpresa y lo espontaneos. Humanos somos.

FENIX dijo...

Dentro de todolo malo o lo bueno que encierran esas relaciónes de amor y desamor, en tu caso estimado Lobo, dejan inspiraciónes que serán algún día transformadas en letras, en palabras y textos.

un abrazo.