jueves, 10 de abril de 2008

Jueves de luto

Una disculpa queridas, queridos lectores, por este Post tan trasnochado, pero era necesario escribir el día de hoy, no por la multa, si no por el hecho que me gusta hacerlo y de una u otra forma, también es una forma de desahogo.
Pero empecemos por el principio.
Hoy Mafalda y su S.S., habiamos quedado en comer juntos, pero se presentó una situación en la oficina y tuve que atenderla, así que aunque le pedi disculpas a Mafis, por la violenta cancelación, ahora te pido una disculpa pública.
Despues de un ajetreado día, iba de salida y recibí una llamada, de esas que nunca esperas recibir, mi estimado Solín, me llamó para decirme que un tío mutuo había fallecido (nos decimos primos y tíos porque nos conocemos de toda la vida, crecimos juntos y los adultos de esa época nos vieron crecer). Esa noticia me afectó mucho, pues apenas un año atrás lo vi, aunque con la salud mermada; primero por una deficiencia renal y luego complicaciones por causa de la diabólica; pero siempre de buen humor.
Acudí a casa de Ele, con un dolor de cabeza, el día pesado y rematado por una noticia de ese tamaño. Sin embargo, estuvimos trabajando en planes, muchos planes e irremediablemente me sentí reconfortado por sus palabras y su ánimo.
Me dió un aventón hasta el Velatorio Militar y me despedí de ella, un poco cabizbajo por el lugar. Al irme acercando al sitio, reconocí decenas de rostros, gentes con la faz compungida y a la vez risueña de aquellos de quienes nos reencontramos en lugares así. No les quiero platicar del velorio, creo que todos al menos, han acudido a alguno en algún momento de su vida (la de ustedes, no la del muerto), pero no quiero deseprovechar este espacio y rendirle homenaje a un hombre ni bueno ni malo, pero jamás tibio, un hombre odiado y adorado por sus subalternos, que llegó a ser cruel y déspota, pero también protector y amigo. Un hombre que me brindó grandes consejos, como a un hijo. Un hombre a quien llegué a querer por su bondad escondida en ese corpachón de ogro, y sus bruscos cariños. Un hombre que se va preocupado, pero que en donde está, seguramente se encuentra mejor.
Es entonces cuando la mejor manera de honrar a quienes nos dejan es recordándolos en vida, no en una fría cama de hospital o pudriéndose en el olvido. Por eso les comparto esta anécdota que me dejó marcado y que creó un vínculo especial entre dos seres de edades muy diferentes.

Tendría cinco o seis años, nos encontrábamos en una comida para celebrar un aniversario más de la graduación del Heróico Colegio Militar en donde nuestros papás estudiaron, recuerdo que fue en algún campo militar o muy cerca de uno, lleno de árboles, como bosque, en donde nos permitieron hacer una comida, tal vez carne asada o barbacoa.
Habían muchos niños, los papás echándose unos tragos (en ese entonces estaba permitido en algunas situaciones especiales), cantando, bromeando; pero entre toda esa alegría había algo que nos llamó a todos los niños la atención. Un Cabo de Caballería trajo (por orden de quién sabe quién) un caballito. Imaginen la emoción de un centenar de niños dispuestos a montar solos (como era mi caso) a un caballo de sangre, huesos y moscas por primera vez; el pobre Cabo al verse rodeado de chiquillos, levantó al que tenía más cerca y lo subió al lomo del animal, en seguida a otro chiquillo y a otro más, ¡TODOS ESTÁBAMOS SOLITOS! Todos emocionadísimos y felices; por fin, después de muchos niños y mucho rato, me tocó mi turno. Imaginen a este Lobo de cinco añitos, flacuchito, con el cabello como príncipe valiente y su sonrisa de oreja a oreja, los ojitos brillantes por la espectación y la emoción. El Cabo había colocado sus manos en mis axilas para subirme al caballito cuando... ...Un Teniente de Caballería fornido, güero y tan alto como mi papá se apareció para "poner orden" en nuestra bien organizada anarquía infantil. Ese era Julio Hijar compañero de mi papá desde que ingresaron como Cadetes del H.C.M., me arrebató de las manos del Cabo y con su voz de ogro bueno dijo -Pérense cabroncitos, formen una fila y quien no venga con su papá no puede subir al caballo. Salí corriendo a buscar a mi papá pues yo era el que seguía en la fila, ¡el Cabo ya me había cargado y me tocaba subir al caballo! Mi papá ya estaba entonadón (sí, estaba cantando y ya se había echado sus tecates) así que aunque le expuse de manera convincente mis argumentos para que acudiera con su vástago primogénito a subirlo al caballito, ¡No me peló! Regresé hacia donde se encontraba el mentado animal, la muchedumbre de liliputienses y el entonces Teniente de Caballería Julio Hijar. Sentía crecer un nudo en mi garganta, mis ojitos anegados y decidí valientemente formarme nuevamente; al tocarme mi turno nuevamente (una hora después, más o menos), Julio Hijar me preguntó por mi papá y le dije que sí me había dado permiso de subirme al caballito, pero me dijo -No, si no viene tu papá, no te subes. Mientras decía esto subía al lomo del agobiado corcel a dos pinches chamacos que ni de la fiesta eran. En ese momento sucedieron muchas cosas: Miré hacia donde estaba mi papá muy quitado de la pena y ajeno a mi dolor; El nudo en mi garganta reventó y mis lágrimas surcaron mis mejillas ennegrecidas de carbón (no me pregunten porqué andaba tiznado, pero lo estaba), juegos y tierra. Miré al Teniente Hijar a la cara, mi cabecita echada completamente hacia atrás y con toda la sinceridad y respeto que puede tener un niño de cinco o seis años le grité -Pues chingué a su madre, pinche Don Julio. Y salí corriendo de ahí.

Años más tarde la anécdota se contaba en cada reunión de la "Antigüedad" (así denominan las generaciones en las escuelas militares), en cada boda y en cada ocasión en la que coincidíamos (que eran muchas puesto que era uno de los mejores amigos de mi papá), y se le quedó "Don Julio" como recuerdo a ese incidente y siempre me preguntaba si ya lo había perdonado por no dejarme subir al caballito, porque el briago de mi papá no me había acompañado, y yo las primeras veces colorado de la vergüenza y después como chanza íntima le decía -Por su culpa no entré al Colegio Militar, mi sueño era ser de Caballería como Usted, pero me traumó. Don Julio se desternillaba de la risa y me daba un abrazo de oso y dos chingadazos en el hombro. Así sucedía cada vez que lo saludaba y mis últimos meses en el ejército, él con sus consejos los hizo más llevaderos, pero no me convenció de quedarme a recibir lo que se tenía preparado para el Servicio de Justicia militar.
En fin, muchas veces pienso que debo de enfrentar así a la vida, gritarle a un gigante a la cara lo que no me parece, sé que he perdido un poco de ese coraje infantil, pero lo estoy retomando.
¡Gracias Pinche Don Julio, Te voy a extrañar!
La muerte es para quienes nos quedamos, mi más profundo pésame a mi Tía Angelita, Adrianita, Mony y Julito. Estoy con ustedes.

General de Brigada Diplomado de Estado Mayor Julio César Hijar Frías, ¡PRESENTE!

Aullidos luctuosos

13 comentarios:

Beatrix dijo...

Lobo, que relato mas hermoso! Me encanto! Pero me gusta mucho la forma en que lo recuerdas.Es asi como debemos recordar a los seres queridos que se adelantan.

Te pude imaginar CLARITO de esa edad y diciendole eso, es mas, pude ver la cara del General...

Te mando un fuerte abrazo, gracias mil por compartir.

mafalda dijo...

.....

Ayer no fue un día bueno para muchos, y veo que para ti tampoco.

Tengo un amigo que sufrirá una pérdida dentro de poco, no sabemos si sera en días, semanas o meses pero la sufrirá, su madre mirirá por cancer, Él se encuentra solo, y en medio de una decisión muy incomoda y dificil, cualquiera que sea la que tome será muy complicada, pero eso si, le dará fortaleza para sostenerse cuando reciba el trancazo.

Lobo leo que tienes un adecuado hombro en quien recargarte, eres afortunado.....muchos no lo son como tú...

Y si, tienes razón, la muerte es para los que nos quedamos, y ese es mi tormento.....

Mafalda

Anónimo dijo...

Elegir la valentía frente a la impotencia habla de todo un hombre a los cinco años. Qué honor es formar parte del círculo de actores en la obra de tu vida. Gracias a Don Julio por despertar tu valentía tan pronto, y por servirte de apoyo en momentos de duda.
Gracias a ti por tu relato, y por la parte que me toca a mí.
TQ.
Yo.

silvana y lal luna llena dijo...

Mi vida se lo que significa pasar por eso y mas cuando es alguien tan especial..... tambien fue un dia triste, un compañero de Saulo se suicido te imaginas 14 años mi corazon sentia un profundo dolor, te imaginas mi hijo tiene la misma edad.........mi mas sentido pesame...........6 besos y una oracion por tu tio

rossmar dijo...

Lobo, en estos casos siempre me quedo sin palabras y con un nudo en la garganta, sé lo que es perder a alguien cercano y querido, sé lo que se siente perder a un guía en nuestra vida, lo sé.

Sólo alcanzo a dejarte un mega abrazo, y a decirte una vez más cuanto te admiro...

Anónimo dijo...

Hoy te dejo un beso, un abrazo,y algo más.. un secreto: alguien te ama con todo su corazón. No es y tal vez nunca será el momento adecuado para decírtelo, y aún así quiero que lo sepas..¡TE AMO!. No sé como paso realmente, sucedió y eso es lo que importa. Necesitas palabras de apoyo en este momento, yo te las proporciono. A lo mejor tienes quien te ame, eso no importa, a mi no me importa amarte, así sin más. Cuando leo que eres feliz, yo lo soy, y cuando estas triste, de la manera que lo estas hoy, me da tristeza. Alguien más desea tu felicidad sinceramente, y esa soy YO. Je je..no importa que no sea conmigo.

TE AMO.

Cuatroletras dijo...

El relato y la anécdota son hermosos, hasta un par de sonrisas provocaste, pero no deja de ser doloroso.

Una brazo y que todos alga bien.

Juan de Lobos dijo...

Les agradezco sinceramente sus palabars, a todas y atodos ustedes.
Gracias.

Kix dijo...

Mi querido Lobaxo... siento mucho tu pérdida. En estas ocasiones no hay mucho que decir, solamente que si necesitas un hombro, ahí estaré.

Muchos besos!

FENIX dijo...

Hermano Lobo solo te puedo decir que esta noche lanzaremos aullidos de dolor a la luna por el camarada caido.

un abrazo solidario para ti.

Hugo dijo...

Ese ¨pinche¨ Don Julio deja un gran espacio. También me tocó recibir su cariño en forma de madrazos; Como diría Manolo Boneira:
¨un round de cariño con Don Julio¨.

En verdad,lo vamos a extrañar.

Anónimo dijo...

Hola Lobo!! Me la he pasado merodenado en tu blog las ultimas 2 hrs. Tu amigo Fer, EL POTRO me ha recomendado tu espacio e insistió muxo en q ese primer contacto lo hiciera con el relato de este día. Supongo q lo sabes (pero siempre es bueno recordar)q tu amigo t kiere y t admira, ps bien ha hecho de mi una lectora más de las q ya hay en tu haber. Mi nombre? Anna Luna; pa´servirle a ud. y al mundo...

Anónimo dijo...

Mi Padre también fue compañero de Don Julio, jugaron juntos futbol americano en el Colegio...Julio hijo, es de mis mejores amigos de la infancia...Es una lamentable pérdida, mi Jefe lo recuerda con respeto y admiración. Y así lo recordamos todos